Isabela de Sagua: el antes y el después del huracán “Irma”

Foto tomada de Internet

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Isabela de Sagua, el seductor pueblito a donde me iba en bicicleta desde la ciudad de Sagua la Grande antes de arribar a la adolescencia, sorteando las oleadas de cangrejos que tendían una apetitosa alfombra sobre la carretera. Allí, en cuyas aguas lanzaba mi cuerpo para quitarme el calor del camino. Con sus tradiciones pesqueras, sus casas que siempre trataron de robarle un pedazo al mar como reto perenne y los buques que alguna vez descubría atracados en el puerto.

Nunca podré quitar aquel recuerdo, siempre estará conmigo. De la hermosa Isabela supe de nuevo por los reportes televisivos nacionales cuando “Irma”, con su brutal furia huracanada, iba dispuesta a embestirla. Las últimas noticias antes de sufrir acá en La Habana los azotes de la tempestad y los cortes eléctricos, decían que la totalidad de sus habitantes había sido evacuada y fuerzas de orden quedaban a cargo de garantizar el cuidado de las pertenencias de los isabelinos.

Confieso no saber más de la situación actual de Isabela de Sagua. Incluso no recuerdo haber escuchado alguna nota más documentada cuando apenas seguía por mi pequeño radio de batería los embates del devastador evento meteorológico que asoló las islas del Caribe, Cuba entre estas y La Florida.

Ahora me llega por Facebook un conmovedor quejido de Eileen Moya Carratalá, una isabelina que asegura que sus tíos y primos, “como tantos otros, están durmiendo sobre los escombros de lo que fue su casa” en una Isabela en ruinas. Debo creer en sus tristezas, nadie deberá llorar por lo que no ha ocurrido. Quizás de veras por hoy sean escasos los más recientes reportes de sobre el destructor paso por el poblado de la costa norte del centro de Cuba. Esperemos que ese grito de ayuda tenga una respuesta.
(Sonia Sánchez)

Foto tomada del Facebook de Eileen Moya Carratalá. La Isabela después de “Irma”

Foto tomada del Facebook de Eileen Moya Carratalá. La Isabela después de “Irma”

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“Alejo Carpentier” 2017: el Premio de la discordia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La escena literaria cubana se ha recalentando bajo el fuego de la polémica en los últimos meses por los resultados (o la ausencia de estos) en ciertos concursos que adornan el panorama de la letras cubanas y que, al parecer, algunos los asumen como vía para dar autenticidad a la valía de unos u otros autores o de las obras que llevan de la mano.

El tema en cuestión toma rumbo hacia el Alejo Carpentier 2017 en el género de cuento, que dejó su escaño desierto sin grandes miramientos que digamos. El asunto, como para confirmar el adagio de que mejor tarde que nunca, salió a relucir en los predios del habanero Centro Dulce María Loynaz, durante el espacio Ciclos en Movimiento, creado, precisamente, para sacar a la palestra pública las discusiones entre bastidores del mundo literario local y con la presencia del escritor, crítico, editor y periodista, Rogelio Riverón, director de una de las entidades convocantes, la Editorial Letras Cubanas; el poeta y narrador Alberto Marrero; el poeta y ensayista, Víctor Fowler y el también poeta y narrador Edel Morales.

“En la grisura de nuestro mundo literario este fue uno de los acontecimientos más sonados y se convirtió hasta en un cruce de palabras bastante fuerte”, fue uno de los comentarios de Marrero, como la molestia de Riverón por los mensajes enviados al Instituto Cubano del Libro (ICL) por algunos de los 24 concursantes en los que se recurría, según dijo, al chantaje, la coerción y la amenaza de disturbios en la última Feria Internacional del Libro de La Habana sin tener en cuenta, a su juicio, que no ganar un concurso no significa una devaluación ni de la obra ni del escritor.

Lo atrevido de esa disputa subió la temperatura hasta vaticinar una revuelta de narradores durante la más significativa de las citas literarias de la isla de no revocarse la decisión de los gestores del fallo. El jurado legítimamente constituido, con todo el derecho que le dispensa la convocatoria a cualquier jurado en cualquier sitio, lo que hizo fue valorar, opinar y decidir, lo que en este caso ocurrió por unanimidad y halló virtudes parciales, cuentos de calidad en algunos cuadernos, no así libros contundentes, insistió Riverón, quien hizo énfasis en que por vez primera hablaba en público del suceso. Para él, con toda certeza participar significa “una aceptación de antemano de todas las cláusulas si no se incurren en indecencia como pasó”.

Y es cierto, este asunto de los fallos dados por tribunales viene desde lejos en el tiempo. El ganar o perder un certamen de mayor o menor relevancia no determina la calidad de la literatura nacional o mundial, pero sí realza en buena medida la realización personal del autor, algo así como dijera Marrero: forma parte de la autoestima individual. De acuerdo a su parecer, los tribunales en los últimos años no deben haber estado tan equivocados como para premiar libros malos, aunque consideró posible que pudiera haber uno o más textos a la altura del lauro ya sea en poesía o narrativa y no lo obtuvieran, estimó muy difícil que los jurados sean una componenda, aunque “no digo que en algún otro momento haya habido un acto de mala fe donde alguien haya intentado premiar a su amigo, esto está en la naturaleza humana y un jurado no estaría excepto de estos problemas”.

En medio de este vórtice generado por el último premio Carpentier el autor del también discutido volumen de cuentos Los gatos de Estambul (Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar, 2007), al interpretar como falta de ética de los narradores involucrados en la protesta no pudo menos que preguntarse entonces si es realmente infalible el cuento cubano actual, si con los cuentistas cubanos los mejores de la lengua. “¿Si alguien declara desierto un premio de cuento en Colombia incurre en prevaricación, si en México peca y en Argentina y en Chile? ¿No es cada libro un hecho único, concreto y por tanto susceptible de análisis de elección o sea de lectura?”

Ciclos en Movimiento fue buena vía para acercarse a lo que se interpretó como algunos defectos en libros de cuentos publicados en Cuba en los últimos años lo que pondría en entredicho el supuesto de la infalibilidad del género entre nosotros y la consternación de quienes consideraron sacrilegio el declarado desierto que estampó el jurado en el Premio Alejo Carpentier, comentó el director de Letras Cubanas no obstante asegurar que no pretende imponer su concepto acerca de lo entendido como género de cuento.

Y apuntó hacia determinados vicios literarios como el defecto del lenguaje previsible en el cual se nota determinado soslayo en la indagación de la palabra que finalmente concluye con un discurso reducido; la enfermedad infantil del ensayismo en el cuento; el Síndrome de Godot (evidentes cuentos centrados en la exposición de sensaciones más que de movimientos de tal forma que no es raro que se incurra en el uso de un lenguaje “automatizado e intelectualizado”) y el exceso de realismo.

A estas alturas del debate y entre diversos comentarios acerca de la trascendencia de alzarse con un lauro en concursos literarios, se dio por sentado que en Cuba se hace una buena literatura “pero no hay que exagerar”. Fowler, actualmente director del Loynaz, destacó la importante de los premios pero centrándose sobre todo en que tienen un carácter parcialmente legitimador de acuerdo a la jerarquía de cada uno, aunque a medida que esta sea mayor lo de parcial se hace relativo y citó como ejemplo al Premio Nacional de Literatura “no parcialmente legitimador porque es un reconocimiento a la obra que ya está legitimada”.

Aún con los ecos del bullicio detonado por el suceso con el Carpentier y probablemente con el descontento desandando por ahí, una interrogante atenaza parte del ambiente literario cubano. Rogelio Riverón la puso sobre la mesa. “Hace solo unas semanas se entregaron los premios Pinos Nuevos de ensayo, poesía, literatura infantil y ciencias sociales. Quedó desierto el premio en teatro, quedó desierto en narrativa. ¿No sé qué harán los dramaturgos pero vamos a tolerar dos atentados al cuento cubano en el brevísimo período de tres meses? Sigo esperando el mensaje que vaticine una sublevación de los narradores más jóvenes, esta vez quizás en los predios del Pabellón Cuba.

(Sonia Sánchez)

 

 

Fuerte ofensiva contra robos de medicamentos en farmacias cubanas

Foto: Internet

Ante la severa escasez de medicamentos destinados a cubrir las necesidades nacionales, el Ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP) arrecia la vigilancia y los controles en las farmacias a fin de evitar sustracciones, trascendió en La Habana de fuentes farmacéuticas.

Estas llamaron la atención acerca de una “medida ejemplarizante” en la mayoría de las unidades de La Habana en las que han separado de sus puestos a farmacéuticos experimentados al imputárseles los citados delitos, al tiempo que fueron incorporados otros que, “permeados de una concepción errónea tras esta operación limpieza, vienen con la idea de encontrar posibilidades de lucro”.

LA REALIDAD: INESTABLE EL SUMINISTRO DE FÁRMACOS

“El ministerio está en la calle inspeccionando las farmacias cuando la realidad es que falta una importante cantidad de medicamentos o entran en pequeñas cantidades hasta los que se venden por tarjetones (documento asignado a pacientes para obtener mensualmente medicamentos controlados) que ya no respalda la cobertura asignada a los pacientes, quienes se molestan cuando no pueden adquirirlos”, comentaron los entrevistados.

Ya en el no lejano octubre de 2016, cuando comenzaba a tocar fondo la estabilidad en los suministros de fármacos en la isla al no contarse “con el financiamiento de manera oportuna para poder pagar las deudas, y que el proveedor pueda seguir entregando”, de acuerdo a declaraciones a medios oficiales de especialistas del Grupo de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica (BioCubaFarma), estas aseguraban que es prioridad también la lucha contra ilegalidades en el sistema de salud, el desvío y las ventas ilícitas de medicamentos u otros recursos que se detecten.

Las directivas enfatizaban que en la industria se han tomado medidas para garantizar la seguridad en las plantas farmacéuticas y en las líneas de producción, no solo para eliminar el robo de medicamentos, sino para hacer más eficientes los procesos productivos y utilizar mejor los recursos. “Seremos estrictos ante cualquier hecho delictivo que se cometa”, fue la sentencia.

El cuadro básico de medicamentos y productos naturales en la isla comprendía hasta el 2016 un total de 849 fármacos y 124 productos naturales, que deberían estar disponibles en el Sistema Nacional de Salud pero de la fecha a la actualidad la fluctuación en el mismo se hace evidente. Hoy esto amenaza la tranquilidad del ciudadano al conocer, de manera informal, que incluso algunos de estos renglones causarán baja definitiva en la producción nacional y las importaciones.

Otra de las realidades que afectan la seguridad de los pacientes es el frecuente desconocimiento por parte de los galenos de las disponibilidades de diferentes familias de fármacos, los que se recetan hasta por tarjetones y no están en las farmacias. Esto a pesar de haberse dado a conocer por los medios que el ministerio tiene “implementado un conjunto de acciones encaminadas a informar a los médicos, que conozcan de la disponibilidad de medicamentos existentes, cuáles faltan y por cuál periodo, así como cuáles les sustituyen”.

UNA PREOCUPACIÓN MÁS: ESTAR ATENTOS A LAS FARMACIAS

Es común entonces encontrar extensas filas en muchas de las farmacias capitalinas desde horas tempranas cuando semanalmente llegan los denominados pedidos (entregas a las farmacias por parte de la droguería) para estar entre los primeros y no perder la posibilidad de conseguir la medicina indispensable. Si en esas señaladas ocasiones no existen filas es que los ciudadanos ya supieron boca a boca, o al indagar en los establecimientos, que no hubo entrada de los fármacos esperados, lo que está sucediendo en mayor proporción desde las últimas semanas de abril y las primeras del mes en curso.

Ante contexto tan estresante para una población acostumbrada a que se le recuerde constantemente por los medios oficiales los beneficios de la salud pública cubana, aparecen ausentes, no obstante, una amplia gama de los psicofármacos más recetados como el Alprazolam, Nitrazepam, Clonazepam, Clordiazepóxido, Trifluoperazina; o presentan aguda inestabilidad los antiácidos Ranitidina, Alusil (hidróxido de aluminio); digestivos como la Domperidona y el Carbón y pepsina (este anuncian que causará baja en el cuadro básico de medicamentos así como la Teofilina usada por asmáticos); el antihipertensivo Enalapril que se entrega por tarjetón pero no llega en las cantidades requeridas al igual que el Salbutamol spray; antishistamínicos como la Difenhidramina (Benadrilina) y la Declorfeniramina; Alopurinol (para niveles elevados de ácido úrico en sangre); la crema Triamcinolona, entre otras; o la Efedrina (gotas nasales).

Otros que antes producía la industria nacional son importados desde la India o China. Una larga lista que no termina aquí y mantiene deprimidos los abastecimientos a la red farmacéutica de todo el país, de acuerdo a opiniones escuchadas a ciudadanos de otras provincias.

(Sonia Sánchez)

Entregarán simulacro de factura a los cubanos por los servicios de salud

El irrespeto a la vergüenza y la dignidad del pueblo cubano parece escalar una espiral en la esfera de la salud pública. La revolución en 1959 tuvo en su programa ofrecerles a los históricamente “explotados” cubanos, entre otras bendiciones, una medicina de calidad y gratis. Nadie en este país lo exigió a los barbudos, ellos se la prometieron a los ciudadanos. Y cumplieron. Cinco décadas en las que los servicios de hospitales, policlínicas y consultorios del médico de la familia permitieron a cambio de nada, quizás de una sonrisa y las gracias, aliviar las dolencias a sus pacientes. Y el estrés derivado de una vida cotidiana plena de situaciones la mayoría de las cuales se han atribuido en todo este tiempo al bloqueo de Estados Unidos contra la isla.

En los últimos años, los más recientes, hemos percibido casi como una curiosidad como han aparecido en estas instituciones de salud bien diseñadas pancartas en las que se reflejan los costos de cada servicio desde el nivel primario hasta los superiores. Algunos la han observado casi con molestia, por comentarios escuchados, porque de alguna manera dicen que ahora “están echando en cara a la gente lo que les han dado sin nadie haberlo pedido”. “Para eso tuvimos una revolución del pueblo y para el pueblo como siempre nos han dicho”, han opinado otros. Pero ahí habían quedado los bien intencionados posters. La salud es gratis pero cuesta, es la esencia del mensaje. Y los líderes del sector afirman que los cubanos deben estar conscientes, informados, de que hay que valorar lo que hace con la mayor dedicación el estado por su pueblo.

Hoy me ha parecido, de pasada, que alguna “disfunción cerebral mínima” está rondando a ciertos tanques pensantes del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Ahora aparecen con todo un plan de lujo, con gastos gratis de papel (en este pequeño caimán de Caribe no hay ni para ampliar las páginas de la publicaciones, colorearlas para competir a nivel mundial, o sacar otras para bien de la información en todos los órdenes de la sociedad nacional e internacional), tinta, uso de impresoras y todo lo que conlleva (insisto a costa del presupuesto estatal) dedicado por entero a lograr que los cubanos acabemos de entender de una vez y por todas, que hasta un análisis de sangre cuesta. Pero no cuesta nada herir la sensibilidad ciudadana.

La televisión cubana este mediodía del sábado sale con un pulido reportaje en la que se demuestra como en lo adelante si se hace una cirugía, un ultrasonido, una prueba imagenológica por sencilla que parezca resultarle a cualquiera, u otro proceder, se entregará una factura (gratis) al paciente tratado para que finalmente comprenda lo que vale cada servicio. Y lo agradezca. Como debe agradecer a Adán y Eva que en el paraíso hayan cometido el pecado original.

Pero verdaderamente el pueblo cubano es noble y agradecido. No olvida, por nada del mundo, el favor que le hicieron en 1959. “Es bueno que se recuerde lo que se ha hecho por nosotros, antes solo tenían acceso a la salud los que tenían dinero, los pobres estaban destinados a morir o padecer”. “Nosotros tenemos que estar agradecido de tener acceso a una salud púbica gratis como la nuestra”. Más o menos fueron la esencia de las opiniones de los entrevistados por la periodista que se dedica normalmente a llevar estos temas en los noticieros nacionales. Llamativamente no surgió ante las cámaras nadie que discrepara de la extravagante medida concebida por el MINSAP. Tampoco es para sorprenderse cuando conocernos la tónica de los reportajes de la tv cubana y algunos otros medios oficiales.

“Jorobita, jorobita, lo que se da no se quita” decían mis amigos de niñez cuando disputaban entre sí por algún juguete u otro objeto que se le había dado como obsequio. Ante estos vientos que soplan por acá no sería para asombrarse que después de febrero del 2018 hubiera que pagar los servicios de salud en Cuba. Y, es cierto, ya hay unos cuantos por ahí que lo reclaman bajo la queja de que sean mejores. Siempre surgen inconformes — y “desagradecidos”. Es alta la calificación de los médicos del patio, muy alta, y encomiables sus esfuerzos, pero en ocasiones una cadena de eslabones derivados de todos los bloqueos habidos y por haber obstaculiza la óptima calidad de nuestros servicios de salud. Esto se conoce y también lo ha expuesto, de alguna manera, el periodismo oficial cubano en cautelosas críticas.

Ahora solo queda preguntarnos: ¿qué haremos con los originales simulacros de facturas terminado el servicio, aunque salgas adolorido de una cirugía mayor o menor la entreguen a ti, al familiar o al vecino que acompaña? Quizás como se acostumbra a decir por esta tierra: “Gracias a la Revolución”.
(Sonia Sánchez)

De silla vieja y “apariciones”

sillaLa silla vieja estaba allí como una verdadera invitación al descanso. En este invierno extraño de noches frescas y días calurosamente húmedos. Dicen que era “cosa de brujas”. Que una de ellas la utilizó esa misma tarde para aclararle los caminos a una chica aquejada de mala suerte porque sus espíritus buenos la habían abandonado y andaba equivocada por la vida. “Límpiate con jutía, pescado ahumado y maíz tostado y luego échale eso a Eleguá en las cuatro esquinas”, le había dicho la adivina.

A mí me pareció atrayente este trasto viejo aunque no creyera los cuentos de hadas, duendes o de brujas buenas o malditas. Casi la hubiera cargado a no ser por la sonrisa de unos que me miraban de cerca. Creí en aquel mismo instante pasajero que me tendían algo así como una trampa para hacerse sentir más tonta que la propia aparición desvencijada en medio de una callejuela habanera. Nunca me he atrevido en la cuerda floja (en la de verdad por supuesto), pero sentí que ahora estaba a punto de caer.

Aquí, en La Habana, se vive de la realidad a la maravilla. Y si de pronto pestañeas, puedes encontrar cualquier espantajo. No tanto como esto, pero me costó soltar la risa como hacía no me pasaba. Ahora sí no podría llevarme la silla, la bruja y menos el nuevo inquilino.

(SS y fotos)

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Afectada en Cuba producción de medicamentos

Foto tomada de Internet

Foto tomada de Internet

La producción en Cuba de medicamentos se verá afectada en algunos renglones de los hasta ahora tradicionalmente utilizados por la población a causa, sobre todo, del desabastecimiento de materias primas fundamentales, según fuentes médicas y farmacéuticas.

En hospitales y policlínicas se realizan reuniones para informar al personal médico acerca de la situación que enfrenta la industria nacional, que hasta el momento no la logrado estabilizar totalmente el desequilibrio ocurrido en el año 2016 en el cuadro básico de medicamentos y que fue motivo de entrevistas a funcionarios de Cubafarma y otras entidades en medios de prensa escrita y televisiva.

Se ha sabido que entre las futuras ausencias en las ya abultadas listas de las farmacias se encuentran la Teofilina, usada por pacientes asmáticos y la pomada Mentolán, analgésico para estados de artrosis, cefaleas o coadyuvante para las rinitis alérgicas u otros estados gripales. Varios como la Dipirona, tabletas de 300 mg analgésicas y antipiréticas, muy consumidas por los ciudadanos, antes producidas en la isla se importan desde hace unos meses de China pero no en suficientes cantidades. El Factor de Transferencia, inyección subcutánea para mejorar el estado inmunológico, por estos días no se encuentra en la red de farmacias de la capital, así como otros en los que destacan pomadas y cremas.

Las largas filas en las farmacias cuando llegan los denominados pedidos (días cada cierto ciclo semanal en que la droguería suministra las medicinas a los establecimientos expendedores) son agotadoras, en especial para las personas de avanzada edad que no pueden prescindir de estos productos.

(Sonia Sánchez)

Un mariachi bohemio con su acordeón acacharrado

mariachi

Es quizás un mariachi bohemio. No vino de Jalisco, Michoacán y menos de la concurrida Plaza Garibaldi del D.F. Apareció sin anunciarse entre las naranjas, ajíes, los plátanos ¿burros? O cualquiera de la ofertas de la jornada en aquel pintoresco mercado por el que se me ocurrió atravesar el otro día para “cortar camino”.

Los personajes en esta Habana proliferan cada vez, las estatuas vivas de la calle Obispo, en el Centro Histórico; las gitanas “tropicales” que tiran las cartas al que quiera llevarse un susto con el futuro; y hasta las santeras de la iglesia de Regla que igual te hacen una limpieza con yerbas para quitarte la brujería o te ponen el collar que necesitas para protegerte de los malos ojos por “solo” 30 cuc y ahí mismo tienes que salir corriendo a coger la lanchita. Y luego los investigadores argumentan que esto es espiritualidad en la Bahía de la Habana. Joder, como dirían en la Madre Patria.

Pero este pintoresco juglar, que tampoco se escapó del Conjunto de Mariachis de La Habana, sin pedir nada a cambio solo quiso aliviar los enfados de los compradores ante los inflados precios de los productos del agro o los subliminares timos de algunos vendedores: “bueno de algo hay vivir”, porque no les basta con los pesos que les caen del jugoso trabajito al que no se llega tan fácilmente. Apareció con su sombrero de charro, sin guitarra pero con un acordeón acacharrado posiblemente encontrado en cualquier cuartucho viejo de los suburbios. Claro, algunos desconfiados de esos que abundan por estas calles alertó que era solo era una jugarreta de los comerciantes para que la clientela se alegrara y poder a hacer su día. Quizás, quizás, quizás. Pero fue bueno por lo distinto ¿y quién aseguraría que lo distinto no es bueno? (SS y foto)